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Diana Balboa: El grabado es la impronta y la sorpresa

14 - 08 - 2017 POR :    Susana Pérez Gil  
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Diana Balboa se enfrenta a la vida con valentía. La misma valentía con la que vino al mundo de las manos de una partera en Limones, “un caserío de carretera” de la provincia de Cienfuegos. Humilde y sincera se develó esta artista de la plástica durante su intercambio con la periodista Magda Resik, en el espacio habitual “Encuentro con”, el pasado jueves 10 de agosto en Arte en La Rampa.

Orgullosa de sus orígenes compartió anécdotas de su infancia con el público asistente al Salón de Mayo. Hija de un humilde talabartero, confiesa que su madre también tenía inclinaciones artísticas, aunque nunca tuvo la oportunidad de desarrollarlas. “Todos nacemos con la necesidad de pintar” asegura, y como cualquier niño disfrutó del dibujo.

Sin embargo sus inquietudes artísticas no se desarrollarían hasta años más tarde, pues su adolescencia se vio marcada por una inclinación hacia el magisterio. “Me parecía una tarea indispensable. Era un sentir, una labor humanitaria, una necesidad imperiosa de hacer”. Pese a la negativa de sus padres, Diana decidió con quince años que se convertiría en alfabetizadora; época que recuerda con nostalgia. “El magisterio me enseñó a crear los medios de enseñanza, lo cual disfrutaba mucho pues ya tenía en mí el vicio de las artes visuales. El trabajo con las manos es una habilidad que siempre ha formado parte de mí”, sostuvo la creadora.

Luego de varios años de trabajo en diversos oficios como ensobrar pastillas en una farmacia o decorar murales y salas de los hospitales, encontró su verdadero espacio de satisfacción y creación: El Taller Experimental de Gráfica de La Habana. Allí pudo develar su espíritu creativo y llevarlo a la máxima expresión.

“Mi lugar es el taller de grabado. Tiene esa magia de compartir lo que estás haciendo. En el taller tienes muchos ojos, corazones, manos y experiencia que te rodean. Cuando te comprometes con un grupo de personas, demanda mucho más de ti. Tienes que ser lo suficientemente humilde e inteligente para para escuchar a todos y concluir qué es lo que realmente quieres hacer. Te obliga a mantenerte con la mente abierta”.

El grabado es, precisamente, el arte que marca la obra de Balboa. “Ser grabador es estar abierto a todo tipo de información”. De la impronta y la maravilla de esta manifestación se confiesa enamorada: “Crees que dominaste la tinta, entonces cuando levantas la hoja de la matriz encuentras la sorpresa. El grabado siempre es una sorpresa”.

La música es un tema transversal en la visualidad de Diana Balboa. Su relación con la trovadora Sara González y el estudio de la obra del compositor Leo Brouwer son parte de la concepción de su trabajo. “Me alimento de la poesía de los textos musicales, de la alegría de la sonoridad. Escuchar la música, sentirla y sacarla toda afuera en una explosión de colores”, confesó la artista.

Sobre la impronta de la cubanía en su obra, declaró que no cree en etiquetas ni estereotipos. “No se puede encasillar lo cubano. (…) No creo en la etiqueta cubana”. Para ella nuestra identidad reside en la diversidad y autenticidad individual de cada cubano.

Respecto al desarrollo actual de la técnica del grabado en Cuba expresó: “Aunque muchos consideran al grabado como un arte menor, el no muere”. Al mismo tiempo comentó su orgullo por los proyectos juveniles que intentan mantener esta manifestación artística tan propia e importante el devenir histórico de la nación. “El grabado entra en Cuba durante la colonia relacionado con el comercio del tabaco y tuvo un desarrollo importante en esa época, y los años que le continuaron. Es necesario rescatar todos los equipos antiguos que aún quedan en algunos lugares y son parte de nuestra historia”.

 



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